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Estreñimiento y viajes

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¿Por qué nos constipamos cuando salimos de casa?

Que felicidad planificar un viaje. Quién no adora la excitación de las horas previas, donde hay mil cosas que preparar, las maletas, los boletos, la documentación. ¿Eres de los que confecciona interminables listas semanas antes para no olvidar nada? Emoción es lo que más hay en el ambiente, siendo la alegría una de las más presentes. Pero tu cuerpo no necesariamente va a estar conectado con tu mente de la manera más alineada (eso sí sería un mundo ideal).

A veces esos “nervios pre-viaje” que para la mente no es más que anticipación, el cuerpo puede interpretarlos como una señal de alerta. Es normal, estamos saliendo de nuestra zona de confort, representada por nuestra casa donde tenemos nuestros seres queridos y objetos que amamos. A todos nos pasa, el colchón, las pantuflas, la taza del café… son cosas que nos encantaría llevarnos con nosotros (de hecho, hay gente que viaja con su almohada y le da completamente igual los menús de almohadas tan glamourosos que ofrecen algunos hoteles, como la suya no hay). 

Es matemático: nada más poner un pie fuera de casa y nuestro cuerpo ya está listo para constiparse. Este trastorno es tan común que está reconocido como afección y tiene su propio nombre: “constipación de viajero”.

¡¿Por qué?! Pues esto pasa por varios factores

Para empezar, el tracto intestinal está conectado con nuestro reloj biológico. Entonces, no es raro que cuando cambiamos de registro y entramos en otro ritmo (lo que sería entrar en “modo vacaciones”), el esquema de tiempos en los que vamos normalmente al baño salga volando por la ventana.

Y qué decir del baño de la casa de uno, ese rincón de privacidad que muchos usan hasta para leer y el consecuente reparo que tienen a sentarse en un wc que no sea el suyo. Lo creas o no, esto que parece una obsesión absurda está catalogado como un trastorno muy común, que se conoce como “ansiedad del baño”, acuñado en el hemisferio norte con el curioso nombre de “can’t poop anywhere but home” (no puedo hacer si no es en casa). 

En un estudio científico que se llevó a cabo en USA, se analizaron los movimientos de vientre de un contingente de viajeros antes, durante y al final de su ruta. Lo que se descubrió fue que el número de veces que los excursionistas “tiraban de la cadena”, bajaba drásticamente al día siguiente de llegar a destino, coincidiendo -oh casualidad- con el pico de jet lag. Al paso de las horas y con la disminución del efecto jet lag, volvía progresivamente la regularidad. 

¡Bingo! Hemos dado con la primera de las posibles causas: el cuerpo sabe cuando hacemos un cambio de lugar.

¿Qué más puede haber detrás del problema?

Además del cambio de sitio, lo más típico que nos pasa estando de vacaciones, es que ya desde el primer día, los horarios de las comidas pasen de rutina ordenada a caos absoluto. Tu cuerpo recuerda que en casa desayuna a las 8, come a las 13 y cena a las 21. Ahora estamos comiendo cosas diferentes, de restaurante probablemente, no tiene nada que ver con las comidas caseras que solemos cocinarnos en casa. A eso añádele que comemos en horarios que dictan cosas como el vermut, el picoteo, las copichuelas, el tapeo y mil gustos a los que nos entregamos sin reservas (nadie dice que no te lo merezcas, pero eso el cuerpo no lo sabe).

He aquí la segunda clave: el cambio en los hábitos alimenticios es una de las causas de estreñimiento. Y no solo comemos diferente y a deshoras, también hacemos un día mucho más sedentario. Si lo consultas con cualquier médico una de las cosas que seguro hará es ponerte a caminar. 

“Cuando calienta el sol, aquí en la playa…” (Luismi lo sabía)

Siguiendo, otro factor que nos juega en contra a la hora de ir seguido al baño. Supongamos que huyes hacia el norte y elegimos la playa como destino (¿y quién no?): bermudas, chanclas, gafas de sol y una toalla representan el paraíso. Pero a nivel fisiológico significa que, como pasaremos más horas bajo un sol fuerte, de a poco nos iremos deshidratando. Y ahí estamos otra vez, el peligro de deshidratación activa el centro de comando del cuerpo, ordenando a tus intestinos retener y retener, porque no le conviene para nada perder aún más humedad. 

Todos esos cambios el cuerpo los nota. Al cerebro le gusta lo conocido, su misión es ahorrar energía y frente a cosas nuevas o cambios de ambiente tiene doble trabajo. La mente inconsciente se siente en peligro porque tiene que lidiar con muchos estímulos nuevos y cree que tiene que hacer acopio de energía por si pasa algo. Las compuertas se cierran y la premisa será retener por si viene el apocalipsis. 

¿Qué hacer para que nuestras entrañas no nos arruinen las vacaciones? 

Hay casos de personas que hasta que no regresan al retrete del baño de su casa, no son capaces de quitarse el problema de encima. 

Seguro que más de uno se siente identificado.

Hay otros que cuando le ofreces la posibilidad de tomar un laxante enseguida se llevan las manos a la cabeza y dicen “¡Nooo, mira si me dan las ganas justo en pleno viaje o cuando estamos en medio de una excursión! Ni hablar”. 

Podemos intentar hacer algo de ejercicio, hoy en día casi todos los hoteles y campings cuentan con gimnasio, o muchas veces organizan sesiones dirigidas de deporte o baile, aprovéchalo que además puede ser divertido. 

También podemos tratar de no alejarnos demasiado de nuestra dieta habitual, con tus gustos por supuesto, pero añade suficientes piezas de fruta y verdura que contengan fibra (¡todas menos la papa eh!), y acompáñalas con abundante líquido, sobre todo en el desayuno, que eso seguro te ayudará. 

Si todo falla la salvación puede pasar simplemente por llevar un laxante suave en forma de cápsulas o saquitos de té en la maleta. Basta con acordarse de añadirlo en el típico neceser donde ponemos todo aquello sin lo que no podemos vivir. 

¡Oh, eres mi salvación!

Un laxante natural de Sen (¿Qué es el Sen?) como los de Ciruelax, actúan suavemente durante la noche, mientras duermes, y cuando te levantas a la mañana siguiente podrás vivir una auténtica reconciliación con el baño del hotel, liberando tu cuerpo y poniendo el problema en el pasado.

Imagínate que después de conseguir regularizarte, podrás por fin entrar en modo DISFRUTAR, así, con mayúsculas. No te pierdas tus mejores días, dale a tu cuerpo una oportunidad. 

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